Gabriel Valansi – El Ilusionista

Gabriel Valansi Sculpture

Gentileza Galería Rolf Art (www.rolfart.com) Gabriel Valansi, Wind, 2014-15, interlace digital de 24 frames de archivo documental montados en 20 módulos lenticulares, 200 x 350 cm

Todos mentimos, indefectiblemente. Es algo inherente a la condición humana. El hombre crea ficciones todo el tiempo para relacionarse con el otro, con el mundo. Quizás sin ellas, la vida sería insoportable. Y en este escenario, el rol del arte puede ser fundamento para que la ilusión se despliegue. Fantaseamos, creamos universos paralelos a una realidad que creemos que existe como la percibimos, pero tampoco estamos seguros que sea tal. El arte nos engaña todo el tiempo: es la madre de todas las ilusiones.

Considero que una obra de arte no siempre se descubre a simple vista sino que requiere de un proceso de asimilación y allí interviene tanto lo que pasa sensiblemente al verla como aquello que despierta en el plano racional en la mente del espectador, obligándolo a pensar. Pero esto no ocurre seguido porque “obras de arte”, hay pocas. Personalmente, me pasa que me siento violentada por una presencia que me toma por sorpresa poniendo en jaque mis emociones e impactando en un lugar de mi ser del cual no puedo dar cuenta en ese momento. Me quedo muda, me emociona, no puedo conceptualizar lo que siento. Y será quizás mucho tiempo después cuando pueda intentar entenderla, aunque nunca de forma acabada porque la obra, cuando es tal, nunca permite ser “atrapada” en su totalidad.

Gabriel Valansi Sculpture

Gentileza Galería Rolf Art (www.rolfart.com) Gabriel Valansi, Wind, 2014-15, interlace digital de 24 frames de archivo documental montados en 20 módulos lenticulares, 200 x 350 cm

La obra de Gabriel Valansi es toda ella impactante. Su acento puesto en la crueldad de la raza humana, en la tecnología como maquinaria destructiva funcional al poder y el hombre como brazo ejecutor y al mismo tiempo víctima de sus propias acciones devastadoras, hacen que su obra sea conmovedora. Frente a “Wind” –obra que pude ver en vivo por primera vez en el contexto de una feria de arte, presentada por la galería Rolf Art en arteBA 2015-, a prima facie, experimenté el impacto de la belleza de la imagen, la intensidad del color. Una obra, hasta entonces, que me cerraba por donde la mirase desde lo compositivo. Sin embargo, en una segunda instancia, el relato latente detrás de los manierismos que me sonreían, me hicieron dar de bruces con una realidad cruel, propia, descarnada. Una realidad que me responsabiliza como espectador pero ante todo como ser humano. Y ese escenario esteticamente bello -desde la magnitud de la obra que nos desborda hasta el refinamiento e impacto cromático-, se transforma en una caja de Pandora que me aterroriza, provocando la distancia y hasta el susto. Pero tras la reflexión y el desafío de volver a enfrentarla, la energía delante de la obra hizo que me quedase allí largo tiempo, hipnotizada. Entiendo que esas son las instancias donde las obras son asimiladas por el espectador y ya no necesitan estar siempre frente a ellas nunca más para sentirlas propias, porque han tocado una parte de su ser que permite incorporarlas de una vez y para siempre.

Hablo con Gabriel y le pregunto sobre el espacio, sobre las necesidades y las implicancias de una obra como “Wind”: una pieza única, compuesta por unos 20 paneles, formando una instalación que supera por lejos el formato de la fotografía convencional, estableciendo un tipo de relación distinta con el espectador. Una obra que pareciera necesitar mucho aire para desenvolverse, mucha intimidad para apreciarse y mucho silencio para reflexionar. Sin embargo, no siempre se dan las condiciones necesarias y el caso puntual de una feria de arte –multitudinaria-, puede ser un buen ejemplo de contraste entre el espacio “ideal” pensado por el artista y el espacio de exhibición circunstancial. Me cuenta el artista: “Wind es el final de una serie de obras llamada MAD (Mutual Assured Destruction) en donde trato de profundizar sobre la representación documental de las pruebas nucleares acontecidas durante la Guerra Fría. Como con todas mis obras, trato de cuidar el contexto donde exhibirlas, en función de preservar o potenciar esa carga que cada obra conlleva. Pienso mis muestras como instalaciones, porque esencialmente lo son: obra y contexto siempre dialogan de alguna manera, conformando una única cosa. Pienso los lugares como una caja de resonancia en donde vibrarán las obras, y esta caja deberá amplificar sus preguntas y cualidades intrínsecas. En ese sentido, las ferias siempre me parecieron espacios difíciles. No me considero un “artista ferial”. Pero esta vez tomé el desafío de instalar en esa feria una obra de gran tamaño, cuyo “punctum”, precisamente, radica en su belleza. Wind, de alguna manera, es de mis obras la que mejor expresa esa (perversa) belleza que deviene de esos hechos violentos que el hombre genera y que lo acercan a su propia destrucción. En este punto, me interesa suspender al que pasea por una feria de arte, al que busca sorprender sus sentidos por eso que considera bello y que deviene del buen arte, en el vaivén de un bosque incendiado por un viento nuclear. Somos capaces de consumir Arte, también somos capaces de consumir la idea de nuestra propia destrucción. De eso está hecho el hombre. Instalar Wind en una feria, es también discutir sobre eso.

Gabriel Valansi Sculpture

Gentileza Galería Rolf Art (www.rolfart.com) Gabriel Valansi, Wind, 2014-15, interlace digital de 24 frames de archivo documental montados en 20 módulos lenticulares, 200 x 350 cm

La obra de Gabriel Valansi no se agota en la fotografía, casi debería decir que es un paso más dentro de su amplia producción, la cual se traslada también al campo de la música. Su sistemática reflexión sobre la presencia de una energía oscura en el ser humano, hace que se destaque en su obra la búsqueda por lograr dar con “la estética de esa energía que sostienen estos hechos violentos que manifiestan al hombre en su afán de autodestruirse”, citando sus propias palabras. Me interesa conocer su proceso creativo, la necesidad de un vacio como primer motor inmóvil generador y cómo se ve todo esto reflejado materialmente, qué tipo de soportes y formatos son los más apropiados para pensar esta problemática y cómo organiza el discurso de forma estética. Cuenta el artista:Si bien hace mucho que sentí que mis ideas sobrepasaban los límites de la fotografía, y he tratado de expandir estos límites utilizando distintos soportes, nunca he dejado de mirar al mundo como lo hace un fotógrafo. Ejercer la fotografía (que es también saber mirarla) propone una relación exquisita con todas las cosas. No tengo ningún límite a la hora de poner en escena la representación de esa energía que atraviesa mi obra. Cada soporte, cada lenguaje en sí mismo, conlleva una idea (una ideología) que es empática a cada obra. Hay ideas que son netamente visuales y que se materializan en objetos o instalaciones. Otras necesitan vibrar visualmente (en el caso de las obras lenticulares), o ser simplemente música. Soy autodidacta, siempre llego al resultado por el camino más largo.  Mi obra se alimenta del error, del ruido que hacen las herramientas cuando se usan para lo que no están hechas. Como buen fotógrafo, pongo el ojo sobre lo que me llama la atención. No es un acto necesariamente intelectual, simplemente actúo cuando siento que hay algo oculto ahí, que necesita ser develado. Pero, contrariamente al uso de mis herramientas, trato de no hacer aquello para lo que no estoy hecho. No siempre resulta, y me embarco en cosas imposibles. Y aunque esta iniciativa no siempre llega a buen puerto, siento que en el intento algo he aprendido, y eso ya valió la pena.

El arte crea, edifica, trabaja día y noche para producir artificios. Cuando uno de ellos toma contacto con el espectador, lo seduce “vendiéndole ilusiones” para luego sacarse la máscara y mostrar una esencia que nos define, entonces el arte se convierte en el oxímoron más genuino de todos: una mentira absolutamente honesta. No sé cuántas obras de arte puede hacer un artista en su vida, estimo que muy pocas. Pero siento que la obra de Gabriel Valansi en general y “Wind” en particular, es una de ellas. Y ya no le pertenece al artista tampoco, lo ha trascendido. Habla un lenguaje que no es posible interpretar acabadamente sino, a lo sumo, acceder a algunas partes acorde a cómo la obra se nos quiera ir revelando y cuánto el espectador esté dispuesto a comprometer en ese proceso de auto revelación.

Bio: Gabriel Valansi 1959, Buenos Aires, Argentina.

Ha representado a la Argentina en diversas bienales internacionales incluyendo Ushuaia (2011) y La Habana (2012 y 2003). Ha sido galardonado con numerosos premios y reconocimientos, tales como el Artista del Año, por la Asociación Argentina de Críticos (2001), Premio a la mejor exhibición multimedia, por Asociación Argentina de Críticos de Arte (2005), Premio de la Fundación OSDE para las Artes Visuales (2005). Su obra ha sido catalogada en importantes publicaciones líderes tanto nacionales e internacionales. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y grupales en países tales como Argentina, España, Francia, Austria, Alemania, Israel, Suiza, Estados Unidos, Brasil, Colombia, Paraguay, entre otros. Hoy en día, su obra integra colecciones nacionales e internacionales tanto públicas como privadas como el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires – MAMBA (Argentina), Museo Emilio Caraffa – MEC (Córdoba, Argentina), Bibliothèque Nationale (Paris, Francia) Museo de Bellas Artes de Houston – MFAH (Estados Unidos), Museo de Arte Moderno de San Pablo (Brasil), Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro (Brasil), Casa de las Américas (Cuba), entre otras. Vive y trabaja en Buenos Aires. www.surrenderradio.com

Maria Carolina Baulo

13 responses

  1. Excelente nota Caro! mucho para reflexionar desde ese punto de “un lenguaje que no es posible interpretar acabadamente (…)” De esa necesidad de confluencia de infinitos factores, que parecen no tener conexión y a su vez son todos determinantes para que obra sea sea obra en sí misma, ese espectador que tiene que autoexigirse para poder entrar en una zona donde el código por momentos parece ser compartido.

    • la obra de Gabriel toca lugares donde no se llega fácil desde la racionalidad. .. me alegra encuentres un punto interesante de reflexión en esto Alicia. cariños. ..

  2. Mi querida Carolina, me gusta mucho todo lo que escribiste sobre la obra y lo que elegiste colocar de la palabra del artista, este trecho que copié me dice mucho. Venimos hablando en las tertúlias sobre hasta donde y como habla el que piensa y realiza una obra y particularmente me identifico lo que destaqué. Gracias pelo artigo que voce escreveu e me dar a oportunidade de abrir mais uma janela na mente e no espírito. Beijos ,Ile
    “Mi obra se alimenta del error, del ruido que hacen las herramientas cuando se usan para lo que no están hechas. Como buen fotógrafo, pongo el ojo sobre lo que me llama la atención. No es un acto necesariamente intelectual, simplemente actúo cuando siento que hay algo oculto ahí, que necesita ser develado. Pero, contrariamente al uso de mis herramientas, trato de no hacer aquello para lo que no estoy hecho. No siempre resulta, y me embarco en cosas imposibles. Y aunque esta iniciativa no siempre llega a buen puerto, siento que en el intento algo he aprendido, y eso ya valió la pena.”

    • Muchísimas gracias Ileana por este comentario tan pensado sobre la obra de Gabriel….serán transmitidos tus pensamientos. Un abrazo enorme

  3. Cara María Carolina,

    vivo en Nantes, donde tengo el tiempo necesario para estar al día con la lectura de cosas como la que acabás de mandarme. Te felicito por la franqueza y el valor de pensamiento de cuanto afirmás allí. Para tu gobierno acerca de la mentira esencial que somos, te cuento que el gran filósofo del Renacimiento Gerolamo Cardano, afirmaba que lo propio del hombre, lo más idiosincrásico suyo era la capacidad de mentir.

    Un abrazo grande,

  4. Palabras recibidas por mail, del erudito José Emilio Burucúa:

    Cara María Carolina,

    vivo en Nantes, donde tengo el tiempo necesario para estar al día con la lectura de cosas como la que acabás de mandarme. Te felicito por la franqueza y el valor de pensamiento de cuanto afirmás allí. Para tu gobierno acerca de la mentira esencial que somos, te cuento que el gran filósofo del Renacimiento Gerolamo Cardano, afirmaba que lo propio del hombre, lo más idiosincrásico suyo era la capacidad de mentir.

    Un abrazo grande,

    g.B.

  5. Gracias Caro, por la escritura y las palabras del fotógrafo. Me quedo con lo que me resuena, con ese “ejercer” la fotografía, como dice Valansi, que es estar atravesado por el mundo, es la extimidad, como diría Lacan. Sí, la exquisita relación con todas las cosas.

  6. Caro Baulo: me queda esto resonando que parece simple, pero creo, no lo es:
    “…Una obra que pareciera necesitar mucho aire para desenvolverse, mucha intimidad para apreciarse y mucho silencio para reflexionar.”… de la misma manera que Valansi le otorga al lugar de exposición la valoración de la dialéctica con su obra, creo que tu observación del modo/ “espacio ideal” para la contemplación y recepción de su obra, es igual de importante. Super enriquecedor leer el artista sobre su obra y tu reflexión sobre ella. Avanti!

    • Muchísimas gracias querida Lena Szankay. ..una artista de tu nivel con una apreciación tan gene rosa. La obra de Gabriel es impresionante desde todo sentido, incómoda y cuestiona y en parte peque invade el espacio del espectador y lo hace propio. Gracias nuevamente…

  7. Me encanta como se alinea tu reflexión con la del artista, una mesa bien servida para disfrutar un gran plato. Mi parte preferida: “Somos capaces de consumir Arte, también somos capaces de consumir la idea de nuestra propia destrucción.” Felicitaciones Caro!!!

    • Muchísimas gracias Lisa Gimenez. ..viniendo de alguien con tanta experiencia en el campo de la fotografía, es un placer recibir estos comentarios. Serán pasados al artista. ..gracias

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